El mercado actualmente opera como una cadena de reacciones en cadena: la guerra en Irán impulsa el precio del petróleo hacia arriba, el aumento del precio del petróleo eleva los costos de energía, y la inflación también se calienta. En un entorno así, los inversores a menudo buscan refugios más estables, y los bonos se convierten en una de las opciones destacadas.
Es notable que el mercado de bonos en este momento no se mueve en la misma dirección que antes. Los bonos a corto plazo están siendo apoyados por la expectativa de que la Reserva Federal mantendrá las tasas de interés altas por más tiempo para combatir la inflación. Mientras tanto, los bonos a largo plazo están experimentando más volatilidad debido a la presión de la deuda pública y la preocupación por una inflación prolongada que aún no se ha enfriado.
En términos simples, la guerra en Medio Oriente puede crear dos fuerzas impulsoras al mismo tiempo: por un lado, hace que los rendimientos a corto plazo aumenten debido a que la política monetaria es difícil de aflojar, y por otro lado, provoca que los rendimientos a largo plazo fluctúen debido a que los riesgos macroeconómicos aún están en el aire. Esta es una etapa rara, donde los bonos son tanto un activo defensivo como una posible herramienta para generar ganancias si el flujo de capital se mueve en el momento adecuado.
Con el aumento de los rendimientos de los bonos, el flujo de capital tiende a salir de activos de riesgo como las acciones y Bitcoin para trasladarse a lugares con flujo de capital estable y menor riesgo. En otras palabras, si la presión inflacionaria y la geopolítica persisten, los bonos pueden seguir atrayendo capital del mercado.