Recientemente, el mundo de las criptomonedas ha vuelto a despertar el temor a los ordenadores cuánticos. La narrativa es impactante: si realmente se logra un avance en la tecnología de computación cuántica, los 1.7 millones de bitcoins antiguos almacenados en direcciones de las primeras etapas de Bitcoin podrían ser vendidos de golpe en el mercado, generando una presión de venta potencial de hasta 145 mil millones de dólares. Suena como una noticia de impacto nuclear.



Pero tras revisar los datos detenidamente, las cosas podrían no ser tan simples.

Primero, en el aspecto técnico. El analista de Bitcoin James Check señaló que, en teoría, si la potencia de cálculo de una computadora cuántica fuera suficiente, podría romper violentamente la firma de curva elíptica de Bitcoin, invadiendo así las billeteras antiguas cuyos claves públicas ya están expuestas. No hay discusión en eso, la amenaza cuántica es real.

El problema es que, si se mira solo la cifra de 145 mil millones de dólares, puede parecer aterradora, pero en comparación con la liquidez y el volumen de transacciones actuales de Bitcoin, no es tan temible. Revisando datos históricos, se sabe que durante los mercados alcistas, los holders a largo plazo venden en promedio entre 10,000 y 30,000 bitcoins por día. A esa velocidad, la salida de 1.7 millones de bitcoins equivaldría a realizar ganancias en unos dos o tres meses, un ciclo de liquidación normal.

En el último mercado bajista, en solo un trimestre, se intercambiaron más de 2.3 millones de bitcoins entre los inversores, una escala que ya supera el objetivo potencial de ataque de una computadora cuántica. Sin embargo, el mercado no colapsó sistemáticamente. La entrada mensual en los exchanges alcanza casi 850,000 bitcoins, y el volumen nominal de trading en derivados puede en pocos días igualar toda la cantidad de bitcoins en la era de Satoshi. En otras palabras, la capacidad de mercado para absorber estas ventas es mucho mayor de lo que pensamos.

Un punto clave: los hackers que realmente puedan romper la protección cuántica y robar esa enorme cantidad de fondos, nunca serían tontos de vender todo de una sola vez. James Check también admite que cualquier persona con sentido económico tomaría una estrategia de ventas escalonadas y lentas, incluso usando derivados para cubrir riesgos, con el fin de maximizar beneficios y minimizar pérdidas por deslizamiento. Una explosión concentrada en el corto plazo solo provocaría una volatilidad extrema, pero esa hipótesis no se ajusta a la lógica racional de los hackers.

Por lo tanto, la verdadera prueba no es la presión de venta en sí misma, sino la "gobernanza". Cuando la amenaza de la computación cuántica realmente se acerque, ¿cómo responderá la comunidad y los desarrolladores de Bitcoin? ¿Activarán mecanismos similares a BIP-361 para congelar forzosamente las direcciones antiguas amenazadas, o mantendrán el espíritu de descentralización y resistencia a la censura, permitiendo que el mercado se autorregule? Esa es la cuestión final que plantea la crisis cuántica para todo el ecosistema de las criptomonedas. Desde la perspectiva del mercado, Bitcoin ya ha demostrado su resiliencia; desde la perspectiva de la comunidad, el verdadero desafío apenas comienza.
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