En 1995, un hombre depositó un cheque falso de publicidad por valor de 95.093 dólares como una broma y el banco lo cobró sin querer.


Patrick Combs era un escritor afincado en San Francisco con 200 dólares en su cuenta.
Le llegó un envío promocional con un cheque falso impreso por la cantidad de 95.093,35 dólares.
Tenía estampado "no negociable" con letras grandes en la parte delantera.
Lo ingresó a modo de broma.
Daba totalmente por hecho que el banco lo detectaría al instante.
Diez días más tarde, consultó su cuenta: el dinero estaba allí.
No lo tocó.
Durante semanas se dedicó a comprobar el saldo cada diez minutos.
Seguía estando allí.
Hizo que el banco se lo convirtiera en un cheque bancario y lo guardó en una caja fuerte.
Cuando el banco por fin se enteró de lo que había sucedido, su equipo de seguridad comenzó a presentarse en su puerta.
Le entregaron documentos legales.
Él les devolvió el dinero.
A cambio, exigió una carta firmada por el banco reconociendo cada uno de los errores que habían cometido.
Aceptaron.
Acabó convirtiéndose en orador motivacional.
Dio charlas en casi 2.000 organizaciones.
Todo el asunto, depositar un cheque de broma sacado de publicidad, fue completamente legal.
Fueron los propios fallos del banco los que lo procesaron.
Jamás se gastó un solo dólar y se marchó con una carta que demostraba que el banco había fallado en su única función.
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