Según Andre Cronje en una entrevista reciente, la mayoría de los protocolos DeFi ya no cumplen con los estrictos estándares de descentralización y han evolucionado hasta convertirse en sistemas comerciales gestionados que dependen de contratos actualizables, permisos de firmas múltiples y una infraestructura fuera de la cadena. Tras los ataques a DeFi que superaron $280 millones, el Flying Tulip de Cronje implementó disyuntores de circuito que retrasan o ponen en cola los retiros durante salidas anómalas, proporcionando una ventana de respuesta de seis horas para evitar corridas bancarias a nivel de todo el sistema.
Sin embargo, el mecanismo generó desacuerdo. Michael Egorov sostuvo que los disyuntores de circuito introducen nuevos riesgos de centralización si son controlados por firmantes o administradores, lo que podría crear vulnerabilidades de seguridad adicionales. Analistas de la industria señalan que el debate refleja el cambio de DeFi desde los ideales de “el código es ley” hacia una “gobernanza híbrida más control operativo,” redefiniéndose los límites de seguridad.